La maquina de hacer pájaros

“Mientras nosotros morimos aquí, con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz” (‘Como Mata el Viento Norte’, 1976)

 


¿Para quién canto yo?

La dictadura comenzó en el país en marzo de 1976 y dos meses más tarde, García inauguraba su banda La máquina, como respuesta casi inmediata al Proceso. García había disuelto su banda Sui Generis en 1975, luego de muchos problemas con la censura. Su nuevo grupo, La máquina de hacer pájaros, produjo dos discos. El primero, también llamado La máquina de hacer pájaros, respondía musicalmente a los modelos del rock sinfónico inglés. No obstante, la música de La Máquina poseía el toque distintivo de García: sus letras desconcertantes. Al respecto, una crítica llegó a decir que sus canciones eran “letras ininteligibles por voces hermafroditas”. Sin embargo, lo “ininteligible” de las letras era precisamente lo que le permitiría a García expresar su desacuerdo con la dictadura sin que su vida corriera peligro. Años más tarde, revalidando el contenido cifrado de sus composiciones, el músico declaró: “De repente, me decían: ‘está la dictadura, no podés decir eso,’ y yo lo decía de alguna manera”. A continuación se explorarán algunas de “esas maneras” en las que García decía lo que dicho de otro modo le hubiese costado poner en riesgo su vida.

Una de esas estrategias fue utilizar la alegoría esópica. Sin embargo, la técnica retórica de García dejaba fuera la tradicional moraleja que educaba o predicaba cierta moral al lector, para abrir un espacio en el que el propio lector/oyente fuera quien debía crear su propia moraleja o conclusión. Esto lo hizo claramente en la primera alegoría producida por García bajo la dictadura: una máquina que producía canciones como si fueran pájaros. Los pájaros son aves asociadas directamente con la libertad, sus alas representan la capacidad de volar. La única forma de detener el vuelo libre de un pájaro es enjaularlo – ponerlo tras las rejas- o cortarle las alas. García y su máquina inventaban pájaros que no se podían enjaular ni censurar.

Al re-visitar este primer disco mencionado se puede identificar un manifiesto interés por reflejar el estado de la situación político – social generada por el régimen. Este punto de vista era muchas veces pesimista y construía un enunciador en conflicto con la realidad que lo rodeaba. Las temáticas de este álbum se organizan en torno a la alegoría de la percepción sensorial y del proceso de oxidación, como explicaremos en breve. Se trataba de una mirada solitaria y pesimista que contaba otra historia o presentaba un “cuadro de situación” que ponía de manifiesto el engaño de las autoridades y la imposibilidad de “ver” de muchos. Concretamente, la canción Cómo mata el viento norte jugaba con la idea de que la percepción sensorial puede ser engañosa: “un mendigo muestra joyas a los ciegos de la esquina.” El verso de la canción evocaba un conocido refrán popular: “no hay peor ciego que el que no quiere ver.” Se resaltaba el engaño (joyas: metáfora de lo atractivo, lo ostentoso, lo brillante) de los funcionarios de poca clase (mendigos: metáfora de “clase baja,” refiriéndose a la clase humana, no a la clase social) y la credulidad o ignorancia del ciudadano común (los ciegos de la esquina: metáfora del conformismo, interpretada según el refrán mencionado anteriormente.) La canción era un llamado a la reflexión de la audiencia: “con los ojos cerrados no vemos más que nuestra nariz.” Esta misma temática del “ver / estar ciego / los ojos cerrados” continuaba en No puedo verme más: No puedo verme. El chico de la guitarra gritó: necesito volverme negro. No puedo verme. Su mamá llora y llama al doctor para salvarlo del infierno.

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En esta canción, el yo lírico – “el chico”- pedía volverse negro para poder verse. Generalmente, lo negro es lo que no se ve y necesita ser iluminado por la luz para distinguirse. Contrario a esta generalización, “el chico” de la canción necesitaba confundirse, camuflarse, esconderse, volverse negro para no llamar la atención, pasar desapercibido y así poder “verse,” poder ver su verdadera identidad o ideología. Su madre, aparentemente víctima de la gran confusión generada por el régimen oficial y su retórica, atrapada en la jerga médica de la Junta Militar, llamaba al “doctor” para que lo “[salvara] del infierno.” Es decir, mezclaba lo corporal con lo espiritual. Ante la devastadora realidad, parecía haber pocas opciones viables: el encierro, el exilio, el ocultarse o cerrar los ojos para no ver.

Sin embargo, no todo era negativo y pesimista en las canciones de La máquina. García sabía que el Proceso no sería eterno. Entre las canciones que revelaban un mensaje de esperanza asociado a la temporalidad del Proceso se encontraba, por ejemplo No te dejes desanimar, en el cual García abría la posibilidad de un futuro diferente, más promisorio: Nunca dejes de abrirte, no dejes de reirte, no te cubras de soledad y si el miedo te derrumba si tu luna no alumbra, si tu cuerpo no da más, no te dejes desanimar, basta ya de llorar, para un poco tu mente y ven acá. … No te dejes desanimar no te dejes matar quedan tantas mañanas por andar.

Por otra parte, Rock and Roll invitaba al oyente: “desoxidémonos para crecer, crecer.” La alegoría de la desoxidación resultaba válida si se tiene en cuenta que es un proceso mediante el cual una sustancia pierde algunas de sus propiedades. Cuando el hierro se oxida, se aherrumbra, se enmohece. El hierro, metáfora de la fijeza y firmeza de los conceptos conservadores del régimen militar, se desgastaría, según esta interpretación, al contacto con “agentes naturales” como el aire o el agua salada, símbolos poéticos de la libertad y el dolor. Invitar al oyente a “desoxidarse” presuponía que ya estaba “oxidado,” que la rigidez de las ideas impuestas no podría preservarse en el tiempo, sino que se oxidaría. También era una forma de adelantarse a los hechos, de pre-ver lo que ocurriría con la acción del gobierno militar ya que la canción fue compuesta a poco de iniciado este período. Esta metáfora es continuada en Por probar el vino y el agua salada, en el que, al “olvidarse de ser rey (soberano) y de ser feliz,” el pueblo se oxidaba (probaba el agua salada), se detenía el tiempo, en una especie de stand-by (“los cu-cús lloran, los relojes sufren”) y se subrayaba el control de la censura sobre la prensa (“los diarios no salen jamás”).

En una palabra, en el primer disco de La máquina, las metáforas se combinaban en una estructura alegórica mayor que al hablar de percepción sensorial y proceso de desoxidación, simbolizaba la realidad que se percibía a través de los sentidos y era negada desde los medios de comunicación (“no vemos más que nuestra nariz”). Las canciones de García exponían esa sensación de engaño y manifestaban el deseo de persuadir a la audiencia para desoxidarse y explorar opciones alternativas.

(FAVORETTO, Mara. Charly García: alegoría y rock. Música Popular em Revista, Campinas, ano 2, v. 1, p. 97-123, jul.-dez. 2013)

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